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El sexo en la tercera edad: algo de lo que no se habla

Según datos de la Encuesta Nacional de Salud y Sexualidad de 2009, en España solo son sexualmente activos el 62,3 por ciento de los hombres de 65 años o más, y apenas el 37,4 por ciento de las mujeres de la misma franja de edad.

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Según datos de la Encuesta Nacional de Salud y Sexualidad de 2009, en España solo el 62,3 por ciento de los hombres de 65 años o más, y apenas el 37,4 por ciento de las mujeres de la misma franja de edad, son sexualmente activos. Las cifras bajan notablemente en los siguientes tramos, hasta superar apenas el 20 por ciento a los 85 años.

Estos datos coinciden básicamente con los de otra encuesta, realizada en Estados Unidos en 2008, en la que el 73 por ciento de los encuestados, entre 57 y 64 años, practicaban sexo. La cifra bajaba al 53 por ciento entre los 65 y los 75 años y caía hasta el 26 por ciento a los 85. ¿Por qué estas cifras tan bajas si se tiene en cuenta que la vejez, por sí sola, no presupone ninguna limitación para la sexualidad y que, al menos en teoría, no hay límite de edad para la práctica sexual?

El gran director de cine aragonés Luis Buñuel confesaba a su biógrafo que, cuando a los 81 años, empezó a perder interés por el sexo, percibió esta circunstancia como “un problema menos” que le permitiría dedicar más energías a su labor creativa. Enfrentado al mismo problema, el torero Juan Belmonte se pegó un tiro. Podemos ver así que el desinterés o las dificultades con el sexo son vividas de forma distinta por cada individuo.

Algunas circunstancias personales y sociales están en el origen de esa pérdida generalizada de interés sexual que se inicia, en ocasiones, a muy temprana edad. Entre ellas hay que citar la incidencia de las enfermedades y la pérdida de la pareja estable, pero también son determinantes el nivel educativo y los cambios fisiológicos provocados por el envejecimiento, como la disminución de los niveles hormonales (estrógenos y testosterona) que podría justificar el menor deseo sexual o la frecuencia de las relaciones sexuales que se da en las personas mayores. Mención aparte, merecen las diferentes patologías urológicas cómo el cáncer de próstata en los hombres y algunos tratamientos para afecciones muy diversas que pueden afectar el deseo sexual, la erección o el orgasmo, pero también hay que decir que hay tratamientos específicos para superar estos inconvenientes en la mayoría de los casos.

Sin embargo, una de las principales causas tiene su origen en aspectos psicológicos (una mala percepción de la propia sexualidad) y sociales (la sexualidad en la tercera edad no se percibe como algo sencillo y natural). Mientras que el sexo en general lo impregna todo en nuestra vida cotidiana (la publicidad, la TV, la música, la gastronomía, la moda, etc.), la sexualidad de los mayores sencillamente no existe y resulta incómodo hablar de ella incluso con los mismos profesionales de la salud.

Sin embargo, numerosas investigaciones y estudios, rigurosamente científicos, coinciden acerca de las ventajas del sexo en la segunda mitad de la vida, tanto desde el punto de vista de la salud física como del equilibrio mental. Entre los principales beneficios del sexo en la tercera edad, detectados por investigaciones realizadas en distintos países, hay que destacar que favorece la salud cerebral: parece probado que los hombres y mujeres mayores que practican una actividad sexual de forma regular tienen un mejor funcionamiento cognitivo que quienes no lo practican. Asimismo, las personas mayores sexualmente activas tienden a tener una percepción más positiva de su propia edad y son menos propensas a sentirse viejas y a prestar atención a las consecuencias negativas del paso del tiempo.

Otras investigaciones apuntan a que se experimentan menos síntomas de depresión. También se ha detectado que la práctica sexual mejora el funcionamiento del corazón (sobre todo en las mujeres), reduce el riesgo de cáncer de próstata, y es bueno para las relaciones de pareja. Igualmente parece demostrado que una actividad sexual regular hace que las personas mayores se sientan mejor y sean más felices.

El envejecimiento y el sexo, salvo casos extremos de patologías incapacitantes, son buenos compañeros de viaje. Lógicamente, no se pretende tener la vida sexual de cuando se era joven, sino de dosificar esfuerzos, intensificar la relación de cariño con la pareja y mantener la capacidad de disfrutar. De ahí la importancia de promover un envejecimiento activo y saludable, para el que la sexualidad es uno más de los componentes, ni más ni menos importante que otros.

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