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El índice de abuelidad

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La insistencia de las abuelas y los avances de la ciencia consiguieron frustrar el plan de la dictadura argentina de secuestrar a los hijos de los “desaparecidos” y entregarlos a familias afines. Las abuelas de Mayo y la genética lograron recuperar, muchos años después, a aquellos niños: el ADN de las abuelas se impuso al terror.

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El índice de abuelidad

Descubierto por Margit M. K. Nass y Sylvan Nass en 1963, el genoma mitocondrial o ADN mitocondrial (ADNmt) es un pequeño cromosoma circular que se encuentra en las mitocondrias, orgánulos celulares en los que se produce la energía necesaria para la célula. El ADNmt se hereda casi exclusivamente por vía materna, ya que las mitocondrias presentes en el espermatozoide se destruyen en el momento de la fecundación del óvulo. De esta manera, solo la madre transmite su genoma mitocondrial a todos sus hijos, aunque únicamente las hijas lo pasarán a todos los miembros de la siguiente generación y así sucesivamente. Por ello, al ancestro común más reciente de la especia humana se la ha denominado “Eva mitocondrial”.

©javarman/123RF.COM

Las Abuelas de la Plaza de Mayo es una asociación creada en 1977 con el objetivo de identificar a los niños y bebés que fueron separados de sus familias biológicas tras la “desaparición” de sus progenitores llevada a cabo por la dictadura argentina. A principios de los años 1980, cuando la dictadura vivía sus últimos momentos, un grupo de genetistas inició una investigación destinada a encontrar una respuesta científica al clamor de las abuelas que exigían la identificación y el retorno de sus nietos secuestrados. El gran problema era la imposibilidad de usar el análisis de ADN nuclear como prueba definitiva de la identidad de los menores y su relación con las abuelas, ya que faltaba la información genética de la generación intermedia, madres y padres desaparecidos y probablemente muertos.

Finalmente, el grupo de científicos que estudiaban esta cuestión, en la que ciencia y derechos humanos se mezclaban de forma indisoluble, encontró la respuesta en el ADN mitocondrial, que les permitió establecer el primer “índice de abuelidad”, una fórmula estadística que, a partir de material genético, establece de forma precisa la probabilidad de parentesco entre una abuela y su nieto o nieta. El hallazgo se debió al trabajo, entre otros, de los genetistas Víctor Penchaszadeh y Mary-Claire King, quien posteriormente recibió un reconocimiento mundial al identificar en 1990 los genes responsables del cáncer de mama. El ADN mitocondrial no sirve para la identificación de individuos (las famosas pruebas de ADN que las crónicas de sucesos y las series televisivas han popularizado), pero sí para detectar parentescos entre grupos de individuos. Por ello, después del éxito de esta técnica en el empeño de las Abuelas de la Plaza de Mayo, el ADNmt se usa en los laboratorios forenses para caracterizar viejas muestras de esqueletos humanos y para comparaciones entre personas desaparecidas y restos no identificados y sus familiares. ​

Esa herencia genética que se transmite, una y otra vez, de las abuelas a sus hijos e hijas y de éstas a sus nietos y nietas, formando una cadena femenina que se remonta a los orígenes de la especie hace 190.000 años, ha permitido que desde 1978 las Abuelas de la Plaza de Mayo hayan logrado identificar positivamente a 130 niños (ahora adultos), los dos últimos en 2019, de un total de medio millar de niños secuestrados o desaparecidos (muchos nacieron en cautiverio o desaparecieron junto a sus padres) durante los siete años (1976-1983) que la Junta Militar gobernó en Argentina.

Trabajo realizado con información del artículo “La ciencia de las Abuelas” (Javier Salas, El País, 13-09-2015) y de la asociación Abuelas de la Plaza de Mayo.

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