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El divorcio en la edad tardía

Puede resultar inesperado, pero cada año se producen en España casi mil quinientos divorcios entre mayores de 70 años.

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Después de una larga vida en común, cuando pocas sorpresas puede originar la convivencia y según el tópico el cuerpo solo pide tranquilidad y rutina, ¿qué puede mover a una pareja a romper su unión y tomar caminos separados en esta etapa de la vida? En opinión de los expertos, no siempre hay una causa concreta para llegar a este resultado y en no pocas ocasiones es la proximidad de la vejez el desencadenante de esta decisión, quién sabe si en busca de tranquilidad o quizás de una nueva oportunidad.

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El divorcio en la edad tardía

Según datos del INE, en el año 2013 se disolvieron por divorcio en España 827 matrimonios formados por personas de 70 años o más; seis años más tarde, en 2019, la cifra ascendió a 1.473 divorcios en el mismo tramo de edad, lo que supone un incremento total del 78%. Si se amplía la edad hasta los 60 años, el total se eleva a 5.046 (en 2013) y 7.945 (2019). Como el divorcio es cosa de dos, estos datos significan que cada año en España unas 16.000 personas mayores, de forma unilateral o de común acuerdo, deciden “partir peras” con su pareja.

Una posible razón para explicar este fenómeno radica sencillamente en el crecimiento demográfico: la esperanza de vida provoca que cada año haya más personas mayores de 70 años, por lo que todos los índices crecen de forma paralela. Pero no un 78%. Tiene que haber más razones. El progreso anual de las separaciones y divorcios se ha roto en 2020 a causa de la pandemia, debido al confinamiento y a las medidas de seguridad frente al coronavirus, que tuvieron un fuerte impacto en la actividad de los tribunales. También la crisis económica derivada de la covid19 ha frenado los divorcios aunque menos en los mayores de 70 años, que no dependen tanto de la actividad económica como otros tramos de edad.

No obstante, según todos los indicadores sociales, los efectos de la pandemia han disparado las consultas legales respecto al divorcio, debido sobre todo a la intensa convivencia durante el confinamiento que ha supuesto una dura prueba para muchas parejas (especialmente jóvenes y de mediana edad), que no han podido hacer frente a la inesperada combinación de inquietud sanitaria, teletrabajo, convivencia intensa y niños en casa todo el día.

Precisamente en esa convivencia intensiva se encuentra el origen de muchos divorcios de mayores, que empieza a fraguarse en el mismo momento de la jubilación de uno o ambos cónyuges. Muchas parejas parecen funcionar porque en la práctica no interaccionan ni tienen actividades en común; cuando la vida laboral se termina, empiezan a ver que ya no tienen intereses ni aficiones comunes y no siempre son capaces de establecer nuevas normas de convivencia consensuada. Se crea entonces una situación que puede generar tensiones crecientes, que pueden acabar o no en una separación diferida; en todo caso, dependerá de cuestiones como la situación económica, la salud, los hijos, etc.

A la pregunta de cómo es posible llegar a la separación después de tantos años de convivencia, quizá algunos puedan contestar con otra pregunta: ¿cómo ha sido posible no haber llegado antes? Cualquier cosa puede ser el elemento desencadenante de una separación largamente rumiada: padecer o superar una enfermedad grave, el afloramiento de una infidelidad, el aburrimiento mutuo, etc. Pero no siempre existe una causa concreta para una separación en la edad tardía; en muchas ocasiones se trata de una idea o una fantasía que puede llevar muchos años gestándose, y que acaba cristalizando en una decisión mucho más perturbadora que la que se siente a edades menos avanzadas. En no pocas ocasiones algunas personas se separan en la vejez porque no lo hicieron en su momento, a causa de la presión social e incluso religiosa. Lo cierto es que una separación al inicio de la vejez implica una mayor incertidumbre, un miedo y un vacío que no pueden compararse con los experimentados a otras edades, pero posiblemente también un alivio y una certeza que pueden hacer más llevadero el futuro. No es fácil empezar de nuevo más allá de los 70 años, pero tampoco es el fin del mundo y la vida siempre tiene algo nuevo e interesante que ofrecer. A cualquier edad y en cualquier estado civil.