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El discreto encanto del coleccionismo

Coleccionar objetos puede llegar a ser una experiencia vital.

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Casi cualquier cosa que resulte emocionante puede ser coleccionada. Objetos antiguos, cerámica, monedas, vinilos, pastillas de jabón, azucarillos, posavasos, maquetas, soldaditos… Hay objetos exclusivos para millonarios y también para todos los bolsillos, pero la magia del hallazgo de una pieza deseada es igual para todos.

El discreto encanto del coleccionismo

Avanzar en el incremento de una colección tiene algo de aventura o de novela detectivesca, ya que obliga a seguir pistas y buscar en lugares insospechados, recorrer tiendas y viejos mercados de ocasión, buscar en internet y, casi con total seguridad, establecer comunicación con personas que comparten nuestras mismas inquietudes. Además, controlar, catalogar y conservar nuestras preciadas muestras constituye un verdadero trabajo intelectual y manual que nos mantendrá activos y alerta.

El coleccionismo (siempre que no adopte un carácter obsesivo y compulsivo) es una actividad divertida, gratificante y muy recomendable, especialmente para los largos días de los jubilados.La afición a coleccionares tan vieja como el hombre, yen muchos casos aparece ya en la infancia. Todas las personas tienen una inclinación a coleccionar, aunque a veces no suceda de forma consciente.Si se piensa bien podremos recordar que en algún momento de nuestra vida hemos guardado (aunque haya sido de forma efímera)programas de teatro, botellas de cerveza o encendedores. Se trata solamente de retomar y sistematizar aquel antiguo hábito.El coleccionismo, especialmente para las personas mayores, resulta beneficios o en muchos sentidos; proporciona relajación, además dela satisfacción anímica de conseguir cosas que para el coleccionista resultan interesantes o preciosas. También facilita el orden, el deseo de cuidar los objetos y de valorarlos. En el terreno fisiológico, contribuye a desarrollar la capacidad intelectual, el lenguaje y la sociabilidad; así mismo, ayuda a superar el aislamiento social y constituye un remedio para lidiar con las prisas y el estrés de la vida moderna.En otro orden de cosas, coleccionar es también una forma de controlar la frustración; el coleccionista aprende a tener paciencia y asume que no se puede lograr inmediatamente todo lo que se desea: conseguir una nueva pieza es una labor lenta y la propia búsqueda del trofeo constituye ya un placer en sí misma.También aumenta la autoestima, ya que nos sentimos orgullosos de nuestra colección y disfrutamos al mostrársela a los demás.Muchos médicos y terapeutas recomiendan el coleccionismo para las personas mayores, y eso porque se trata de una afición flexible, que puede y debe convivir con otras actividades y hobbies, y que conlleva hábitos de conducta positivos que se mantienen durante toda la vida.No debería ser un problema elegir qué coleccionar, porque a poco que reparemos en ello veremos que siempre ha habido cosas que nos interesan más que otras o despiertan nuestra curiosidad en mayor grado. Por último, hay que tener en cuenta que acumular objetos de forma anárquica y sin método no es lo mismo que coleccionar. La acumulación desordenada, sin sentido de la calidad de lo que se colecciona, forma parte de una especie de psicopatología, similar al denominado síndrome de Diógenes.Por el contrario, el coleccionista es ordenado y cuidadoso y suele socializar su colección mostrándola orgulloso a los demás.

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