Inicio Mente Activa El derecho de...

El derecho de los mayores a decidir

Compartir

¿Son los ancianos como niños? Es posible que con la edad avanzada algunas personas se vuelvan difíciles o despreocupadas. Puede que algunos sufran trastornos del sueño, que tengan lagunas en su memoria o no puedan practicar una actividad deportiva a nivel competitivo. Pero ser mayor no significa ser un niño, nique no se puedan tomar decisiones propias de forma adecuada.

PÁGINA MENTE ACTIVA

El derecho de los mayores a decidir

Personas mayores e, incluso, muy mayores, toman habitualmente las más importantes decisiones políticas y económicas del mundo. El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, tiene en estos momentos 79 años. El papa Francisco 85 años y la reina Isabel II, justo diez años más. Los consejos de administración de bancos y grandes empresas podrían parecer un geriátrico, pero con mucha frecuencia a nuestros abuelos les negamos el derecho a decidir sobre lo que más les conviene. Y lo hacemos “por su propio bien” y porque pensamos que, realmente, no son capaces de saber lo que quieren.

Generalizar a las personas mayores es tan injusto como hacerlo con los jóvenes; generalizar es injusto, y punto. Cada persona es un mundo diferente, tanto da que sea joven, de edad media o mayor. Hay muchos octogenarios y septuagenarios que poseen un nivel funcional que ya quisieran adultos con dos o tres décadas menos; de capacidades intelectuales, mejor no hablemos. Paralelamente, hay ancianos que precisan una asistencia permanente, incluso para las actividades más básicas. Está claro que no podemos meterlos a todos en el mismo saco.

Todos tenemos derecho a decidir sobre nuestras vidas; incluso todos tenemos derecho a equivocarnos al tomar una decisión. Se puede tomar una decisión equivocada a los 80 años, pero también a los 50 o los 60, por no hablar de los 20 años. Sin embargo, lo cierto es que al envejecer empiezan a aparecer las enfermedades y patologías de la tercera edad y se inicia el deterioro de las capacidades físicas y mentales de las personas. Todo ello implica, evidentemente, que en ciertos casos pueden existir limitaciones a la hora de decidir sobre la propia vida.

El problema radica, claro está, en definir el punto en el que el derecho de la persona mayor a decidir puede verse afectado por esas limitaciones físicas o mentales. El conflicto suele surgir entre la persona mayor y sus familiares, pero también puede aparecer en otras situaciones; por ejemplo, es muy frecuente que ciertos profesionales (especialmente en el ámbito de la sanidad y otros servicios públicos) tiendan a infantilizar a las personas mayores, hurtándoles información sobre aspectos y decisiones que afectan a su salud, en el convencimiento de que es mejor para ellos desconocer ciertas cosas.

El envejecimiento se asocia con el declive de las habilidades cognitivas fluidas, que tienden a disminuir en la edad tardía. ¿Pero qué es la inteligencia fluida? Pues ni más ni menos que la capacidad para resolver problemas novedosos sin ningún conocimiento previo; es decir, al margen del aprendizaje, la experiencia y la educación. Ejemplo de inteligencia fluida es la resolución de puzles o el desarrollo de estrategias para resolver problemas nuevos. La cuestión es saber si esta pérdida de habilidades se traduce en una incapacidad para tomar buenas decisiones.

Para tratar de dar respuesta a esta cuestión, un equipo de psicólogos de la  Universidad de Basilea (Suiza) y el Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano (Berlín) llevó a cabo una serie de estudios en los que un grupo de jóvenes (con un promedio de 24 años de edad) y un grupo de mayores (edad promedio de 71 años) fueron sometidos a una serie de problemas para los que debían encontrar la mejor solución. En las dos primeras pruebas (centradas respectivamente en la toma de decisiones basada en la experiencia y el aprendizaje) los participantes tenían que elegir, entre dos propuestas, la opción que mayor ganancia y menor pérdida obtuvieran a la larga; mientras que en la tercera prueba los participantes debían elegir entre 4 y 8 alternativas distintas.

Los resultados del estudio, que fueron publicados en la revista Cognition (septiembre de 2015), demostraron que en las dos primeras pruebas ambos grupos de edad obtuvieron resultados similares, mientras que en la tercera el grupo de jóvenes obtuvo mejores resultados que el de adultos mayores. En otras palabras, en aquellas situaciones en las que se deben tomar decisiones simples, los mayores se desempeñan tan bien como los jóvenes; sin embargo, el envejecimiento podría afectar negativamente en situaciones donde la toma de decisiones es más compleja.

Las decisiones sobre nuestra propia vida, ¿se pueden basar en la experiencia y el aprendizaje, o son fluidas como un puzle? Aunque la presencia de enfermedades como la demencia, el deterioro cognitivo o el Alzheimer, puedan limitar la toma de decisiones, en líneas generales las personas mayores deberían tener garantizado su derecho a decidir libremente. Si se considera que el mayor tiene capacidad para tomar decisiones, será él mismo quien deberá decidir, con el respaldo de profesionales y familiares solo cuando sea imprescindible.

Y acordémonos de dejar de usar diminutivos para hablar con ellos tratándoles como a niños y dejar de hablarles muy alto pensando que todos son sordos.

Trabajo realizado con información del artículo “The role of cognitive abilities in decisions from experience: Age differences emerge as a function of choice set size” (Cognition, septiembre de 2015)

 

Reseña Panorama
prioridad
99.7 %
Compartir
Artículo anterior¿PARA QUÉ SIRVE UN ABUEL@?
Artículo siguienteY TU… ¿QUÉ ABUEL@ QUIERES SER?