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Demasiados ancianos viven solos en España

Más de un millón ochocientas mil personas mayores (21% del total de mayores) viven solas en España, de ellas el 27% son hombres y un 73% mujeres, lo que significa que una de cada cuatro mujeres entre 75 y 84 años vive en soledad.

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Vivir solo no significa necesariamente sentirse solo; de hecho, muchas personas eligen voluntariamente un cierto nivel de soledad y numerosas personas mayores prefieren vivir solas en su casa antes que alojarse en una residencia geriátrica. No obstante, según encuestas realizadas por el IMSERSO, un 59% de las personas mayores que viven solas han expresado tener sentimientos de soledad y aislamiento.

Vivir en un residencia junto a otras muchas personas mayores no significa necesariamente un alivio frente a la soledad, ya que muchos residentes tienden a permanecer aislados de quienes les rodean. Igualmente, personas mayores que viven con algún familiar o acompañante pasan el día fundamentalmente solas.

Existen evidencias de que la soledad prolongada tiene efectos perjudiciales para la salud física y mental de las personas. Pero lo cierto es que la soledad de los mayores es una realidad cada vez más frecuente en las sociedades occidentales, que previsiblemente aumentará durante los próximos años.

Aún siendo los datos de España bastante preocupantes, estamos todavía por debajo de otros países europeos, como el Reino Unido, donde viven solos alrededor de nueve millones de personas mayores (el 13,7% de la población total). La magnitud del problema forzó al Gobierno británico a crear en 2018 un Ministerio de la Soledad, un organismo estatal que se encarga de desarrollar acciones de carácter preventivo para que sea menor la incidencia de este problema, uno de cuyos aspectos más preocupantes es el creciente número de ancianos que mueren en soledad, sin ninguna clase de atención, un problema sobre el que existen muy pocos datos estadísticos, invisibilizado como la propia vejez.

Además de las iniciativas públicas, que en muchos casos han sido frenadas por los diversos recortes en la inversión social, y para prevenir el impacto negativo de este hecho en el bienestar de las personas mayores, sería necesario ofrecer respuestas coordinadas entre las instituciones públicas y el conjunto de la ciudadanía. En España, por ejemplo, funciona la ONG Amigos de los Mayores, una organización que trabaja en Madrid, País Vasco y Galicia, y tiene por objetivo mejorar la calidad de vida de las personas mayores en situación de aislamiento y/o soledad a través de la acción de voluntarios cualificados. Una labor similar lleva a cabo Amics de la Gent Major en Valencia. En todo el país funcionan numerosos organizaciones similares cuya misión es ofrecer compañía y ayuda a los mayores en situación de necesidad.

Otra fórmula que se está extendiendo en algunos países es la oferta de algunas residencias geriátricas de ofrecer alojamiento gratuito a los jóvenes universitarios a cambio de interactuar con los residentes mayores. Así, por ejemplo, el Centro Residencial Humanitas, en la ciudad de Deventer, en el este de Holanda, ofrece gratuitamente algunos de sus pequeños estudios para que los jóvenes aporten a los ancianos residentes una manera más vital de ver las cosas y una ayuda directa para pequeños asuntos cotidianos, como el acceso a las nuevas tecnologías.

La misma iniciativa está empezando a extenderse en China, donde algunos centros de atención para personas de la tercera edad ofrecen alojamiento casi gratuito a jóvenes con recursos escasos a cambio de pasar veinte horas al mes acompañando a los mayores, ya sea con una conversación informal, leyéndoles un libro o enseñándoles cómo usar un teléfono inteligente.

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