Inicio Mente Activa Comprobado: e...

Comprobado: el trabajo no da la felicidad

Los jubilados están menos deprimidos (27% menos) que los trabajadores más mayores.

Compartir

Respecto a quienes están en la última etapa laboral de la vida (entre 55 y 64 años), los jubilados mayores de 65 años están más satisfechos con su vida social (9%), siguen hábitos más saludables (28%) y se alimentan mejor (12%).

MENTE ACTIVA

Comprobado: el trabajo no da la felicidad

Lo habíamos sospechado siempre, pero un reciente estudio acaba de probarlo de forma más o menos indiscutible: liberarse del trabajo y sus miserias produce una mayor felicidad en las personas. Es cierto que su ausencia, cuando se necesita para poder vivir, es una de las mayores desdichas que amenazan a nuestro equilibrio emocional y bienestar socioeconómico; pero, cuando lo tenemos, en muchos casos, el trabajo se convierte en una pesada carga, que se manifiesta en nuestros hábitos y nuestra salud y de la que solo nos libera la jubilación.

Esto al menos es lo que se desprende del informe Jubillennials. El impacto de la jubilación en la salud a partir de los 65 años, elaborado por Vivaz Seguros de Salud, la Universidad Francisco de Vitoria y el Instituto de Salud Carlos III. Antes de nada conviene aclarar que los “jubillennials” del título son aquellos españoles que han alcanzado la edad de jubilación ya en el siglo XXI y que, según el informe, constituyen una generación activa que cree más en la prevención y posee una mayor calidad de vida; son personas que suelen estar más concienciadas sobre su salud y están más preparadas para disfrutar de la jubilación con júbilo (de ahí lo de jubillennials).

Según este informe, el cese de la actividad laboral reduce los síntomas depresivos a partir de los 65 años; en ese sentido, el porcentaje de españoles en el tramo de edad previa a la jubilación (de 55 a 64 años) que presentan síntomas depresivos supera en un 27% al de los mayores de 65 años que ya se han jubilado. La explicación de este dato estaría en la calidad del sistema público de salud, la mayor atención a una dieta saludable que permite el tiempo libre y la gran oferta de ocio y comodidades a disposición de los jubilados.

Esta disminución de los síntomas depresivos también puede ser consecuencia de un cambio favorable en el estilo de vida que sucede tras la jubilación; se dejan de lado el estrés y el sedentarismo que caracterizan a la etapa laboral inmediatamente anterior, para adoptar unos hábitos de vida mucho más relajados y saludables.

Los datos recogidos en el informe indican que, tras la jubilación, mejora la actividad física: mientras que solo el 44% (menos de la mitad) de los trabajadores de 55 a 64 años hace ejercicio regularmente, el 57% de los jubilados hace deporte al menos tres veces por semana. Esta mejora de la calidad de vida se hace extensiva también a la alimentación; bien sea por una mayor concienciación respecto a la importancia de la dieta en la salud, bien por disponer de más tiempo para dedicárselo a la cocina, lo cierto es que un 77% de los jubilados siguen con más asiduidad la dieta mediterránea, frente a sólo un 68% de los trabajadores mayores.

Otras diferencias importantes en el ámbito de una vida sana se reflejan en el consumo diario de tabaco (menos 61%) y de alcohol (menos 6%) entre jubilados y trabajadores mayores. En concreto el 25% de los trabajadores entre 55 y 64 años fuma todos los días, mientras que el porcentaje entre jubilados es del 14%. Respecto al consumo de alcohol, la diferencia es menos acusada: 83% de trabajadores mayores frente al 79% de jubilados.

La jubilación, a la vez que más tiempo libre y mayores oportunidades de ocio y distracción, trae consigo una mayor satisfacción con la vida social: del 50% entre los trabajadores mayores al 57% en los jubilados. Así pues, la idea de que al cesar la actividad laboral se reducen las relaciones sociales parece que no tiene fundamento, ya que la satisfacción con la vida social es mayor entre los jubilados.

Respecto a la salud, tras el cese de la vida laboral se produce un aumento significativo de pruebas analíticas (10% más), pruebas para la detección precoz del cáncer (44% más), ecografías (20% más) y radiografías (28% más). Sin embargo, el uso del sistema sanitario es muy parecido al de la etapa inmediatamente anterior a la jubilación y apenas hay incremento en las visitas de atención primaria, urgencias u hospitales. Sí se detecta en cambio un aumento en el consumo de fármacos (21% más) y una mayor propensión a la polimedicación (más de cinco medicamentos diarios), que prácticamente se duplica en esta etapa; todo ello parece indicar que los mayores de 65 años tienen una mayor preocupación por los temas de salud.

Pero no demonicemos el trabajo. Seguramente la mala percepción de este, derive de una mala organización, remuneración y horarios. Está suficientemente consensuado que la actividad es necesaria y mejora la vida de las personas después de la jubilación y aquí en muchos casos se sitúan prolongaciones de la vida laboral y voluntariado, por ejemplo. Evidentemente, las estadísticas solo muestran tendencias y comportamientos mayoritarios, y los datos de este informe no son una excepción. Hay personas que disfrutan tanto con su trabajo que parecen dispuestas a morir con las botas puestas, mientras que para otras dejar el trabajo equivale a dejar de comer. Para algunos, como estos benditos “jubillennials”, con el cese de la actividad laboral empieza una nueva edad de oro. Pues que dure mucho.