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¿Cambiamos el horario?

El próximo cambio de hora, inicialmente previsto para el 30 de marzo, podría ser el último. Después de muchos años en que los países de la Unión Europea (UE) adaptaban el horario al verano e invierno, en busca del ahorro y la eficiencia energética, esa medida queda en entredicho y coge fuerza la idea de que estos cambios podrían generar problemas de salud, especialmente en las personas más vulnerable: los mayores.

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En 2018, debido a la propuesta de un grupo de ciudadanos de los países nórdicos, ha surgido el debate en la UE sobre la idoneidad del cambio horario de verano/invierno. A lo largo de 2018 se llevó a cabo una consulta pública en el bloque comunitario en la que, más del 80% de los 4,6 millones de ciudadanos que participaron en la misma, abogaban por eliminar los cambios de hora bianuales en la eurozona. Algo que aún no esta definitivamente decidido. El último cambio horario podría ser en marzo u octubre de 2019, demorarse hasta 2021 o quedar en suspenso.

El objetivo de Bruselas era que los países tomaran una decisión, antes de abril de 2019, sobre si querían adoptar de manera permanente el horario de invierno o el de verano, si bien los gobiernos de la UE acordaron posteriormente que sería necesario más tiempo de adaptación, tanto a nivel interno en cada Estado miembro, como en lo relativo a la coordinación entre países vecinos.
En el caso de España, el Gobierno aprobó el pasado mes de septiembre un acuerdo para la creación de una comisión de expertos que estudiara las consecuencias para el país de un hipotético cambio de hora. Esta comisión también estudiará la posibilidad de recuperar la franja horaria correspondiente a Europa occidental, que España cambió en 1940, por lo que el país podría volver a adoptar la misma hora que Reino Unido o Portugal y que ya tiene Canarias, volviendo al huso regido por el meridiano de Greenwich, que cruza la península atravesando Aragón. Sin embargo, la medida divide al país geográficamente: Galicia la aplaude, pero despierta recelos en zonas como Baleares y Comunidad Valenciana por sus presuntos efectos negativos para el ocio y el turismo al adelantar la hora en que anochece.
Por otra parte, la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, SEGG, recuerda que el 32% de las personas mayores de 65 años presenta alteraciones del sueño. Un porcentaje que aumenta siempre en los días posteriores al cambio de hora, ya que las personas mayores son especialmente sensibles a estas alteraciones de luz solar.
Se estima que el 32% de los mayores presentan alteraciones del sueño, el 37% tienen problemas para dormirse, un 29% se despiertan durante la noche y hasta un 19% se quejan de despertar temprano. Con el paso del tiempo el patrón de sueño fisiológico se modifica, se torna más «frágil» y, con más facilidad puede sufrir alteraciones, más aún si se producen cambios en los horarios de luz solar. Los problemas urinarios, digestivos y respiratorios, el dolor y otras molestias articulares y óseas, junto a la ingesta de fármacos suelen ser cada vez más frecuentes en el colectivo y condicionan la calidad y cantidad del sueño.
El sueño de las personas mayores se caracteriza porque la duración disminuye y aumenta la tendencia a siestas o “cabezadas” durante el día, los despertares nocturnos se hacen más frecuentes, cuesta más tiempo dormirse y el sueño se hace más ligero.
En el cambio de este patrón, la melatonina juega un importante papel. La producción de esta hormona, imprescindible para inducir al sueño, se reduce en las personas mayores; por tanto, se produce un desorden, una disfunción en los tiempos de sueño y vigilia y esto se agrava con los cambios de horarios y hábitos.
En todo caso, no hay que darle tanta importancia si una noche sufrimos insomnio; también debemos ser realistas respecto a las horas de sueño nocturno que podemos conseguir, y no tratar de dormir más de lo que realmente necesitamos. Igualmente es cierto que una menor actividad diaria en las personas mayores se corresponde con una menor necesidad de sueño.
Esperemos que estas comisiones de expertos y políticos acaben tomando decisiones que no nos quiten el sueño.

Artículo confeccionado con información de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, y directivas de la Comisión Europea.