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¿Cada vez menos europeos?

En Europa se producen anualmente más muertes que nacimientos.

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Por segundo año consecutivo, los países de la Unión Europea (UE) han registrado un saldo vegetativo negativo (más fallecimientos que nacimientos), lo que implica una progresiva pérdida de población, evitada gracias a la inmigración.

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¿Cada vez menos europeos?

A 1 de enero de 2019, la población total de la UE alcanzó los 513,3 millones de habitantes, lo que supuso un millón más que el año anterior. Sin embargo, durante 2018 se registraron 5,3 millones de defunciones y nacieron 5,0 millones de bebés, casi 118.000 menos que el año anterior. La tasa bruta de natalidad en el conjunto de la UE fue de 9,7 nacidos por mil residentes, mientras que la de mortalidad llegó hasta 10,4 defunciones por mil residentes, con una diferencia negativa de 0,7. No obstante, la población total europea creció en un millón de habitantes respecto al año anterior, gracias únicamente a la incidencia de la inmigración que permite mantener un saldo de población positivo.

Estos datos significan que, por segundo año consecutivo, el saldo vegetativo en la UE ha sido negativo; en otras palabras, los europeos no alcanzamos la tasa de reemplazo o mínimo necesario para mantener estable la población, y necesitamos para ello a personas llegadas de otros países que a la larga evitarán el despoblamiento del continente. España, con una población total de 46,9 millones (9,1% del total de la UE) se sitúa bastante por debajo de la media europea, tanto en nacimientos como en defunciones. En concreto, la tasa bruta de natalidad fue de 7,9, la más baja de Europa sólo por detrás de Italia (7,3), mientras que la de fallecimientos fue de 9,1, algo más de un punto por debajo de la total de la UE. Como dato curioso hay que decir que Irlanda es el país europeo que suma la mayor tasa de nacimientos (12,5 por mil residentes) y la menor de fallecimientos (6,4).

Este declive demográfico se aceleró en España después de la crisis económica de 2008  y alcanzó en 2017 uno de sus picos más altos, al totalizar el número de fallecimientos más alto desde 1941, superando en más de 31.000 a los nacimientos. En 2003 y 2015 también se registraron máximos históricos. Los expertos apuntan a que el esperado mantenimiento de esta tendencia negativa para los próximos años podría ser también consecuencia del fuerte crecimiento demográfico que se registró en España en los años del “baby boom”, cuyos miembros, nacidos entre finales de los 50 y finales de los 70, estarían acercándose ya a la jubilación y aprestándose a engrosar las filas de la tercera edad.

Otro aspecto destacable es que en el periodo entre los años 2000 y 2010 hubo un extraordinario boom migratorio, que incidió también positivamente en el número de nacimientos. En 2008, el mismo año de la crisis, se llegó a un máximo histórico, con más de medio millón de nacimientos; desde entonces la natalidad ha caído en un 24,6%. La menor llegada de inmigrantes también ha repercutido en ese aspecto. Aunque, como en todo, también aquí  hay excepciones. Por ejemplo, la población china en España, que no ha dejado de crecer en los últimos años hasta el punto de que el número de ciudadanos nacidos en China que vive en el país se ha multiplicado por 16 desde 1998, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), pasando de 12.036 en 1998 a 195.345 en la actualidad.

Por otra parte, mientras que entre 2010 y 2014 salieron de España más ciudadanos de nacionalidad china que los que entraron, la tendencia ha cambiado desde entonces y ya en 2017 fueron más los que llegaban que los que regresaban a su país, lo que indica que cada vez es mayor el número de ciudadanos chinos que se establece entre nosotros. Esa tendencia se refleja, por ejemplo, en la afiliación de ciudadanos con nacionalidad china a la Seguridad Social, que no ha dejado de crecer en este periodo; en 2018 se marcó un récord con un total de 102.367 afiliados de media, un 51% más que en 2008. También ha propiciado el nacimiento en España de una nueva generación, que sienten el país como propio. Por ejemplo, en 2017 nacieron en España 2.956 niños en los que al menos uno de los progenitores tenía nacionalidad china.

De una manera u otra, la población del mundo sigue creciendo y resulta claro que en Europa también será así.