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Buenos propósitos, y poder cumplirlos

Tener un propósito y plantearse metas es una práctica que mejora la vida, y que tal vez la alargue.

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Metas, propósitos, objetivos, intenciones…, llámalos como quieras, pero son necesarios para dar una justificación a la vida, sobre todo en esas edades en las que ya se han perdido demasiadas cosas y tenemos mucho más tiempo por detrás que por delante.

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Buenos propósitos, y poder cumplirlos

En la película japonesa La balada de Narayama (1983), que fue muy comentada en la década de los ochenta, una anciana se preparaba para cumplir la costumbre de su aldea, aislada y pobre, que obligaba a los viejos a subir a la cumbre del Narayama y dejarse morir de hambre y frío, para no ser una carga para la economía familiar. Todos en la aldea tenían la misma meta vital: hacer mutis al cumplir los 70 años aunque, como la anciana protagonista, estuviera sana y fuera perfectamente capaz de realizar todas las tareas domésticas. La llegada a la casa familiar de una esposa para el hijo exigía la salida de la madre, rumbo a la muerte.

Por suerte para todos, estas cosas solo pasaban en lugares aislados de Japón y en otra época ya lejana. Lo peor que nos puede suceder ahora es que, en más ocasiones de las deseadas, lleguemos a la vejez sin objetivos ni metas que alcanzar en este período de nuestra vida. Muchas personas desembarcan en la tercera edad después de una larga serie de pérdidas y menoscabos: trabajo, profesión, dinero, hijos en el hogar, juventud, energía y, a veces, salud. Todo eso se traduce en una actitud de apatía y desesperanza que puede acabar en depresión.

El bienestar es un concepto algo difuso, que no se refiere únicamente a sensaciones físicas (por ejemplo, comodidad, confort, ausencia de dolor, salud, etc.) sino también a sensaciones anímicas, como el placer y la satisfacción personal, el éxito, la alegría de vivir, la armonía con uno mismo… El bienestar es importante para todo el mundo, pero para los adultos mayores es fundamental, ya que si no te sientes bien es fácil que en poco tiempo tengas que afrontar otros problemas relacionados con el estado de ánimo; como ya sabemos, la depresión es uno de los grandes peligros de los mayores.

Plantearnos metas y objetivos vitales, darle forma y expectativas a nuestro futuro, es la manera más directa de solucionar estos problemas, de ahí la importancia de trabajar la motivación a través de propósitos y proyectos, porque esto influirá en nuestra orientación hacia el futuro y en la consecución de un sólido estado de bienestar, capaz de resistir futuros achaques y sinsabores. Para que la vida tenga sentido y podamos afrontarla de forma satisfactoria debemos tener proyectos, ilusiones, algo en lo que ocuparnos, algo que desear y algo que esperar.

¿Cómo definir nuestras metas? Las metas son objetivos personales o deseos que nos proponemos a nosotros mismos, con la idea de que van a mejorar nuestra vida y a hacernos más felices. La meta suele ser el fin último al que se quiere llegar, mientras que el objetivo es el paso que hay que cumplir para poder alcanzar la meta; en otras palabras, el objetivo es un propósito más concreto y sencillo que la meta, porque normalmente se puede medir u observar los resultados. Por ejemplo, una meta podría ser mejorar nuestra forma física, y un objetivo realizar 20 flexiones cada mañana.

La percepción del tiempo influye en la orientación de las metas personales; las personas mayores, que perciben el tiempo como algo finito, orientan sus metas hacia la regulación emocional, mientras que los jóvenes, que lo perciben como algo abierto y lejano, las orientan hacia una mayor formación o profesionalización. En general, las metas de las personas mayores suelen estar más orientadas hacia la salud y las actividades de ocio, aunque lógicamente en todo hay excepciones.

Salvo en aquellos casos en los que existe un deseo intenso y persistente por alcanzar una determinada meta, como el caso de Mildred “Milly” Reeves, la anciana estadounidense que desde su infancia quiso pilotar un avión y finalmente lo consiguió a los 97 años, las metas que nos propongamos deberían estar al alcance de nuestras posibilidades. Está bien proponernos mejorar nuestra formación, por ejemplo con cursos de historia del arte o música o, incluso, teoría económica, pero quizá esté fuera de la realidad fijarnos como objetivo empezar la carrera de física teórica. Una meta recurrente para muchos adultos mayores es realizar estudios de nuevas tecnologías a nivel de usuario; otros objetivos frecuentes buscan adaptarse  a cuestiones como la disminución de facultades físicas y de salud, la reducción de ingresos tras la jubilación, la muerte de personas cercanas, etc.

Plantearse metas pequeñas y realizables no quiere decir que no se pueda soñar con alcanzar objetivos más difíciles, pero aún estos serán más fáciles de conseguir si los abordamos progresivamente. Los avances sociales, culturales y económicos han hecho posible que los adultos mayores de hoy en día rechacen el antiguo conformismo que empujaba al jubilado a la pasividad del hogar, el aislamiento y el reposo. La anciana japonesa de La balada de Narayama ya no se echaría al monte a dejarse morir, y quizá preferiría aprender swing en una clase de bailes de salón.

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