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Bonsái: el arte de lo pequeño

Hacer bonsái es fácil, no es caro y solo se necesita una ventana o un balcón

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Lo inventaron los monjes chinos, pero en Japón se convirtió en arte. Literalmente significa “cultivar en una bandeja” y consiste en plantar y cultivar en maceta cualquier tipo de árbol, manteniendo su tamaño mucho más reducido del que alcanzaría en la naturaleza mediante una serie de técnicas que constituyen todo un arte.

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Bonsái: el arte de lo pequeño

Aunque cualquier especie puede usarse para practicar bonsái, suelen preferirse las que resisten bien el cultivo en maceta y tienen hojas pequeñas en su tamaño normal. Las más usadas son los arces, pinos, olmos, azaleas, higueras, olivos, enebros, etc. El bonsái no utiliza la genética para conseguir árboles pequeños: un bonsái  es exactamente igual que su hermano mayor, pero diez veces más pequeño. Las principales técnicas empleadas para conseguirlo son el trasplante, la poda, el alambrado, el pinzado, etc. Una vez que se haya conseguido el tamaño y el diseño preferido, será necesario seguir aplicando estas técnicas para evitar que el árbol se desarrolle de manera desequilibrada, lo que casi con seguridad supondría su muerte.

Algunas personas consideran el bonsái un insulto a la naturaleza, ya que se actúa sobre una planta normal, podando ramas y raíces, para miniaturizarla y confinarla en un pequeño tiesto plano, convirtiendo un árbol de tres o cuatro metros en un enano de sesenta centímetros o menos. Sin entrar en la polémica, digamos que resulta difícil considerar “maltrato vegetal” unas técnicas que consiguen especímenes de tanta belleza y a los que se les ha dedicado tanto tiempo y esfuerzo.

El arte del bonsái procede del budismo zen y está asociado a la buena fortuna, a la energía positiva, la eternidad y otra larga serie de connotaciones positivas e, incluso, místicas. Sin llegar a estos elevados niveles, lo cierto es que hacer bonsái es relajante y entretenido, y más que grandes esfuerzos sólo exige una buena dosis de paciencia. Al final, si la cosa sale bien, tendrás un pequeño y bonito árbol vivo, al que has dado forma con tus manos y que te acompañará toda la vida, si lo cuidas, lo riegas y lo abonas cuando corresponde.

Hay dos formas básicas para iniciarse en el bonsái: cultivando desde el principio nuestra propia planta (a partir de semilla o esqueje) o adquiriendo en un vivero un ejemplar preformado. En cualquiera de ambas variantes lo primero es elegir el lugar donde vamos a colocarlo en casa y el tipo de planta que mejor se adapta. Los bonsáis prefieren el exterior (una terraza o un balcón, luminosos pero sin exposición directa al sol), aunque hay que protegerlos del frío excesivo y las heladas; también se pueden cultivar en el interior, en emplazamientos con buena luz. La mejor especie para comenzar es la higuera o ficus en todas sus variantes, o cualquier otra de origen subtropical.

Los trabajos iniciales se realizan con bandejas de poca profundidad, de forma que las raíces no crezcan en profundidad sino paralelas al suelo. En esta etapa se va estableciendo la forma del árbol, el calibre del tronco y la estructura de las ramas, mediante la poda selectiva, el alambrado y el pinzamiento. Es una etapa de crecimiento, por lo que es muy importante el riego y la fertilización. La llamada rama de sacrificio (que crece libremente) permite que la planta crezca en vertical y que el tronco ensanche; cuando se alcanza el tamaño deseado, la rama de sacrificio se corta (puede usarse para plantar un nuevo bonsái) y el árbol adquiere su tamaño final. En ese momento deberá ser trasplantado a una maceta definitiva, que deberá ser poco profunda (para que las raíces crezcan hacia los lados y no hacia abajo) y disponer de boquetes para el drenaje de agua en la parte inferior.

El trasplante es otra de las técnicas fundamentales en el bonsái. La raíz pivotante o primaria, que crece hacia abajo y constituye el soporte del árbol, debe cortarse, por lo que para asegurar el anclaje hay que atar la planta a la maceta con alambre dulce; en general, las raíces que se cortan en las podas son las de sostén (más largas y gruesas) mientras que deben mantenerse las pilíferas, por las que la planta toma los nutrientes. El trasplante se completa añadiendo nuevo sustrato; el mantenimiento posterior de la planta consiste en el riego, la fertilización equilibrada y la poda de mantenimiento (pinzado). Esta operación debe realizarse cada dos o tres años (preferentemente al comienzo de la primavera), dependiendo de la especie y del estado de la planta.

Regar adecuadamente garantiza la supervivencia de la planta. Hay que regar cuando la superficie de la tierra comienza a secarse y de forma abundante, es decir, hasta que salga por el drenaje (los agujeros deberán protegerse con tela metálica, para evitar la pérdida de sustrato). Dependiendo del clima y de la época del año puede ser necesario regar varias veces al día, en verano, o cada dos o tres días en invierno.

Existen en Internet decenas de webs y blogs dedicados al tema, además de numerosas enciclopedias y cursos para hacer bonsái, una ocupación que puede ser tan complicada como tú quieras pero que al final, cuando admiras el árbol que tú mismo has diseñado, seguro que te reporta una gran satisfacción.

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