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Amigos hasta el geriátrico

Las buenas amistades pueden aportar muchos beneficios a las personas mayores

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Numerosos estudios han comprobado que las relaciones sociales, y muy especialmente la amistad, influyen de manera determinante en la calidad de vida de las personas mayores, así como en su estado físico y su salud mental. Además, desde siempre se ha sabido que quien tiene un amigo tiene un tesoro.

MENTE ACTIVA

Amigos hasta el geriátrico

Todas las definiciones coinciden en afirmar que la amistad es una relación afectiva que se establece entre dos o más personas y se rige por valores imprescindibles, como la confianza, la lealtad, el amor, la generosidad, la incondicionalidad, la sinceridad y el compromiso. También sabemos, claro está, que muchas amistades están basadas en factores menos altruistas, como pueden ser la oportunidad o el interés. Pero lo que llamamos amistad verdadera se funda sobre un sentimiento desinteresado y aparece espontáneamente; las amistades no se buscan pero sí se escogen.

Además de todos los bonitos calificativos con que suele adornarse la palabra, los elevados sentimientos que la rodean y las miles de frases de profunda belleza que la glosan, la amistad suele ser al inicio una conjunción de intereses mutuos y un principio de afinidad personal; lo demás puede llegar con el tiempo y la relación, o no llegar. Todos los tópicos que se dicen sobre ella son más o menos ciertos, pero solo mientras la amistad dura. Y de eso hablamos aquí, de amistades que duran toda la vida (hasta el geriátrico) o que se establecen nuevas cuando las viejas han desaparecido.

Para que una amistad sea duradera es necesario que el interés, la predisposición, la continuidad y el vínculo sean recíprocos. Por otro lado, la amistad, como casi todos los sentimientos, necesita continuos cuidados y eso implica mantener el contacto físico o, al menos, alguna forma directa de comunicación. Antiguamente, los amigos separados se escribían largas cartas, aunque hoy tenemos que conformarnos con las redes sociales. Eso sí, si nos limitamos al abuso del “like” no lograremos profundizar con nuestras amistades de Facebook, ni en ninguna otra red social.

Los amigos son cada vez más importantes para la salud y la felicidad a medida que las personas envejecen, y llega un punto en el que pueden acabar siendo más importantes que la propia familia. A fin de cuentas, a diferencia de la familia, que nos viene impuesta por nacimiento, a los amigos podemos elegirlos. Además, con frecuencia disfrutamos más del tiempo que pasamos con amigos que con la familia; es habitual quedar con los amigos para tomar copas, comer, viajar o ir a un espectáculo, mientras que las reuniones familiares no siempre resultan atractivas. Lógicamente, también es posible establecer fuertes relaciones íntimas con los miembros de la familia (hermanos, cónyuges, hijos, etc.), que además son a menudo las personas que más apoyo prestan a los mayores.

Numerosos trabajos internacionales coinciden en que las relaciones de amistad contribuyen decisivamente para mantener la salud física y psíquica de las personas mayores. Las amistades son muy valiosas por lo que implican emocionalmente; se sufren menos las situaciones de estrés y se tiene mayor equilibrio emocional. Un estudio de la Universidad de Flinders, de Adelaida (Australia), ha llegado a afirmar que los amigos influyen de manera más directa en la prolongación de la vida que los mismos familiares.

Durante una década, los investigadores analizaron la tasa de supervivencia de los participantes en el estudio y descubrieron que el contacto con niños y familia (primos, hermanos, sobrinos, etc.) no aumentaba la tasa de esperanza de vida de los ancianos, mientras que aquellos que tenían más y mejores relaciones de amistad, sí que denotaban estadísticamente mayores oportunidades de supervivencia (hasta un 22% más de posibilidades).

Los resultados confirmaron la importancia de la vida social en la tercera edad, como medio para mantener la ilusión y la actividad, factores esenciales para lograr una mayor calidad de vida y más ganas de vivir. En definitiva, la calidad y fortaleza de nuestras relaciones será determinante para nuestra longevidad y, por supuesto, para disfrutar más de nuestra vida.