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Aislamiento social y capacidades físicas

El aumento del aislamiento social produce una progresiva disminución de las habilidades necesarias para realizar actividades comunes.

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Un estudio de la Universidad de Sevilla establece una relación directa entre el aislamiento progresivo y las incapacidades que va generando. El estudio presenta dos escalas paralelas en las que puede verse cómo cada peldaño que se asciende en la escala del aislamiento supone un descenso en la escala de las habilidades físicas y sociales. Hasta llegar a la dependencia absoluta.

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Aislamiento social y capacidades físicas

Muchas personas viven solas, pero no experimentan el aislamiento social; defienden su intimidad, pero cuando quieren compañía la buscan y la obtienen. Se mueven, salen de su casa, son socialmente activos, realizan actividades (incluso grupales) y luego vuelven a su soledad, a su refugio y a sus hábitos, donde se sienten cómodos y a salvo. Son personas muy afortunadas; quizá no han buscado la soledad, pero la vida les ha empujado a ella y han sabido adaptarse, han aprendido a valorar sus ventajas y asumir sus inconvenientes.

Pero no todos los que viven en esta situación la asumen con igual ánimo. Según datos del CSIC (Informe Envejecimiento en Red indicadores básicos 2020), el 31% de las mujeres y el 17,8% de los hombres de más de 65 años vive en hogares unipersonales. En numerosos casos esa soledad puede generar situaciones de aislamiento social que acaba produciendo una grave pérdida de las funcionalidades físicas cotidianas. Una depresión leve o una caída accidental pueden iniciar un proceso regresivo en el que la inseguridad, el temor o la apatía vayan reduciendo lentamente las capacidades para realizar actividades cotidianas: salir a la calle, pasear, hacer la compra, hablar con la familia o los vecinos, hasta llegar a la imposibilidad de levantarse de la cama.

Aunque no siempre implique aislamiento social, la soledad es un factor de estrés psicológico significativo, que puede causar efectos negativos en la salud mental, especialmente en las personas mayores de 50 años y en quienes presentan ciertas condiciones preexistentes (por ejemplo, enfermedades como la diabetes). Un estudio de la Universidad de Sevilla, publicado en American Journal of Preventive Medicine (“Impact of Social Isolation on Physical Functioning Among Older Adults: A 9-Year Longitudinal Study of a U.S.-Representative Sample”), establece la relación directa entre el aislamiento progresivo y las incapacidades que genera. Investigadores de España, Australia y Dinamarca, liderados por el profesor Jesús del Pozo-Cruz, han seguido durante más de nueve años a 12.427 personas para estudiar las consecuencias del aislamiento social.

El trabajo, a partir de 54.860 observaciones de personas al año durante casi una década, es el primero que se extiende más allá de una comunidad concreta y que prescinde de otros condicionantes socioeconómicos, como la educación o el nivel de renta. A partir de una escala de aislamiento social y una batería de rendimiento físico, el estudio reflejó en términos generales que por cada punto que se gana en el índice de aislamiento se pierde una función física, en una progresión que aumenta con la edad y que finalmente conduce a la fragilidad y a la dependencia. En otras palabras, los resultados del estudio confirman las consecuencias negativas del aislamiento social, especialmente en cuanto significa un acelerador del deterioro físico en el proceso de envejecimiento.

Aunque la soledad puede afectar negativamente a las personas de cualquier edad, el estudio señala que son los adultos mayores los que experimentan consecuencias más graves, ya que el aislamiento tiene una incidencia directa sobre las funcionalidades físicas, algo que no ocurren en individuos más jóvenes. El declive de la función física conlleva un mayor riesgo de fragilidad, lo que conduce a la dependencia y a la muerte. Por ello, entre las conclusiones del estudio figura la recomendación de desarrollar intervenciones de salud pública hacia las personas en riesgo de aislamiento, con programas de desarrollo de habilidades, contacto personal programado y actividades con animales.