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Adiós a los coches

Híbridos, eléctricos, de gas, autónomos, voladores, la oferta y las predicciones se multiplican en un planeta ahogado por la contaminación que estos artefactos producen, aunque también son culpables o responsables de buena parte de los avances del siglo y de muchos puestos de trabajo.

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Desde los primeros coches con motor de explosión, fabricados, entre otros, por Henry Ford hace más de un siglo para sustituir a los carruajes de caballos, las cosas han cambiado mucho y ahora parece que tanto sus motores como su ruido, polución, la gasolina, el carné de conducir, los taxistas o hasta la necesidad de tener un vehículo, tienen los días contados. Se estima que los coches eléctricos y autónomos habrán desplazado por completo a los convencionales alrededor del año 2050.

La historia del coche es, en cierta medida, la historia del hombre en el último siglo. Apellidos, ahora míticos, como Benz, Peugeot, Daimler, Diesel, Ford… nos hablan de otro tiempo en el que los coches eran objeto de deseo, señal de estatus y triunfo social.

Pero la realidad es otra. Las ciudades están saturadas de coches y la contaminación desbordada en muchos casos. Por otra parte, la tecnología, la robotización, geolocalización y otras nuevas ciencias, vienen ahora en nuestro socorro porque ahora mismo usamos nuestros coches solo el 4 por ciento del tiempo y permanecen aparcados el otro 96 por ciento. A esta ineficiencia hay que añadir las más de mil vidas que, solo en España, se pierden cada año en accidentes, más las que provoca lentamente la contaminación y el agujero en la capa de ozono del que también es responsable.

Pero no corramos tanto. ¿Cuál es la situación ahora mismo? Gasolina, gas, híbrido o eléctrico: si estás pensando en comprar un coche nuevo, tienes en el mercado una variedad como nunca antes se había visto. Y los coches tradicionales van perdiendo cuotas de mercado cada vez más deprisa. El consumo de los coches de gasolina y diesel se ha reducido muchísimo, pero a la vez los eléctricos y de gas van aumentando sus prestaciones y también aumentan las estaciones de servicio y las opciones para recargarlos. Además, en sus políticas para luchar contra la contaminación, las ciudades favorecen y abaratan cada vez más el aparcamiento y circulación de los coches no contaminantes, mientras penalizan a los de motores diesel y gasolina.

LP, GNC, GNV, híbridos, híbridos enchufables, la oferta se complica y hay que tener en cuenta muchos más factores, además de los tradicionales: cuál tiene mejor diseño, nos resulta más cómodo y tiene más facilidades de pago, más aún pensando lo rápida que se prevé la evolución del mercado. En menos de dos décadas, el 95 por ciento de los kilómetros recorridos lo serán en vehículos eléctricos autónomos, usados bajo demanda en un modelo mucho más barato y eficiente. No se pagará por tener coche, sino que se pagará por usarlo. Eso supondrá, entre otras cosas, que necesitemos un 80 por ciento menos de coches que ahora y, paralelamente, un 80 por ciento menos de plazas de aparcamiento. El esquema habitual de transporte será pedir un coche, no contaminante, desde una aplicación móvil, que nos recogerá en unos minutos, por supuesto sin conductor, nos llevará donde necesitemos y sin aparcar se irá a buscar a otro cliente.
Las implicaciones de este mundo casi sin coches tendrán su precio. Taxistas y otros conductores profesionales, talleres mecánicos, agentes de seguros, policía de tráfico, autoescuelas, vendedores y fabricantes de coches, gasolineras y compañías petrolíferas tendrán que dedicarse a otra cosa. La automatización, castigará duramente el empleo tradicional.

Pero antes de echarnos a llorar, recordemos que sin el factor humano al volante, las muertes en la carretera se reducirán al mínimo; por otra parte, el fin del petróleo bajará los niveles de contaminación, los niveles de CO2 y hasta cambiará la geopolítica mundial. Las ciudades volverán a ser para los ciudadanos. Las personas, sobre todo las mayores, tendrán menos dependencia para moverse ya que no será necesario conducir. Y en todo caso, con sus ventajas e inconvenientes la revolución ya ha comenzado y es imparable.

Artículo confeccionado con información del RACC y “El fin del mundo” de Marta García Aller. Editorial Planeta

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