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Abuelos: instrucciones de uso y abuso

Se suponía que, en nuestro mundo feliz, la tercera edad iba a significar una etapa de renovación y descanso, en la que se recibiría el pago por los “servicios prestados” a la sociedad. En muchos casos, sin embargo, la abuelez está saturada de excesivas obligaciones familiares.

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La mejora de las condiciones de vida (con su incidencia directa en la longevidad) y la desaparición de la familia nuclear, típica de nuestra sociedad hasta mediados del siglo XX, llevó a la idea de un nuevo modelo en el que la tercera edad se convertiría en uno de los segmentos básicos de la estructura económica y social. Personas mayores sanas y con recursos económicos, dispuestas a vivir plenamente sus últimos años, para deleite de la industria turística y de ocio, y para muchos sectores de consumo, entre ellos el sanitario.

Lo cierto es que este panorama risueño, que puede ser cierto en muchas ocasiones, se ve en otras muchas claramente ensombrecido por un problema que no estamos sabiendo resolver: el uso y abuso de los abuelos en el cuidado de los nietos, que lleva en no pocas ocasiones a equiparar a los mayores con un servicio de guardería en guardia de 24 horas y 7 días a la semana.

En función de la edad de los abuelos, el cuidado de los nietos puede ser un placer o una pesadilla diaria. Los abuelos enriquecen la vida en familia y, especialmente en la primera etapa de la vejez (entre 60 y 75 años), constituyen una ayuda inestimable para sus hijos, sobre todo cuando existen dificultades insalvables para la conciliación de la vida familiar y laboral, o problemas económicos. Sin embargo, la disponibilidad de ayudar a los hijos, que los abuelos ofrecen gustosamente en la mayoría de los casos, no debería significar que se puedan demandar sus cuidados y apoyo siempre y a la hora que sea.

En muchos casos, las personas mayores sacrifican su tiempo libre y sus aficiones, y sobrecargan sus capacidades físicas y emocionales. Es en estos casos cuando se puede hablar de abuso de los abuelos. Lo ideal sería que los hijos fueran cuidados por sus padres, al menos durante una parte del día. Pero, el intenso ritmo del trabajo no permite que eso ocurra. Además, los servicios profesionales (guarderías, cuidadores, etc.) suelen tener un precio elevado y, en ocasiones, no están suficientemente profesionalizados, por lo que la asistencia de los abuelos resulta más segura, más aconsejable y más barata.

En general, los padres prefieren dejar a su hijo con la abuela o el abuelo antes que en la guardería, y no sólo por cuestiones económicas (que son las más habituales). Una de las razones principales es que con los abuelos no existen límites de tiempo, y los padres no tienen que salir corriendo del trabajo para recoger al niño. Sin embargo, al final los abuelos se convierten en menos canguros de sus nietos; lo que curiosamente también puede ocasionar fricciones entre abuelos y padres, a cuenta del comportamiento de los nietos o sus sus preferencias.

Entre padres y abuelos es necesario un diálogo y un entendimiento para que los abuelos no sean sólo cuidadores o niñeras de sus nietos y los padres reciban el apoyo y ayuda que tanto necesitan. En otras palabras: un uso razonable de los abuelos, y ningún abuso.

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