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Abuelos al rescate de la familia

Cuatro de cada diez personas mayores (42%) ayudan económicamente a sus familiares, sobre todo a los hijos.

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Frente a la inestabilidad económica que padecen algunas familias, los ingresos de los abuelos suponen una fuente fija y más constante para poder hacer frente a las necesidades cotidianas. En la actual situación de crisis, las personas mayores vuelven a jugar un papel primordial en la capacidad de supervivencia de las familias.

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Abuelos al rescate de la familia

En los años finales del siglo XX y primeros del actual, algunos analistas consideraban a las personas mayores como unidades de gasto; es decir, una especie de “mano muerta” improductiva que suponía un creciente lastre económico para el despegue de la sociedad de consumo a la que se aspiraba. Al llegar a su jubilación, los muchos obreros y trabajadores no cualificados de los años del desarrollo no encontraban su lugar en la sociedad española; provenientes de familias extensas, no estaban preparados para vivir solos y los bajos salarios que tuvieron en su vida activa les habían generado pensiones insuficientes. En muchas familias, los abuelos eran percibidos como una pesada carga.

La brutal crisis económica de 2007 (agravada ahora por los daños colaterales de la pandemia) y su coincidencia con la jubilación de los primeros baby boomers (nacidos entre 1946 y 1964), han supuesto la aparición de un nuevo tipo de abuelo. La incorporación masiva de la mujer al trabajo en la segunda mitad del siglo XX, los trabajos más cualificados y las mejoras de las pensiones a partir de los años 1980 favorecieron que las personas mayores llegaran a la vejez en una situación mucho mejor. Estas circunstancias, unidas al deterioro económico y al crecimiento de la precariedad laboral y el desempleo, han supuesto un cambio importante en el papel de los mayores (los abuelos) en nuestra sociedad. En la nueva realidad, los abuelos no solo ayudan en el cuidado de los nietos (lo cual también tiene una dimensión económica fácilmente evaluable) sino que directamente contribuyen con sus recursos al sostenimiento económico de sus hijos y sus nietos.

Hemos hablado mucho sobre los abuelos-guardería que, cada vez con más frecuencia, se encargan de atender a sus nietos allí donde los padres no pueden llegar, bien por problema de tiempo bien por ahorro económico: cuidar a los más pequeños en casa para ahorrar la guardería, llevar a los niños al colegio, oficiar de canguros, sacarlos al parque, etc. En la actualidad, esta figura es bastante común en toda Europa; de hecho, la proporción de abuelos españoles que cuida de sus nietos es de uno de cada cuatro (el 22,07%), mientras que en la Unión Europea la media es del 38,61%. Sin embargo, el número de horas que los abuelos dedican a esta tarea supera en España las 7 horas diarias (una jornada laboral completa), mientras que en la UE se sitúa en 4,9 horas/día.

Lo novedoso en estos últimos años es que ahora los abuelos españoles, en muchas ocasiones,  ofrecen también su vivienda o sirven como apoyo económico de los suyos. Muchos jóvenes excluidos del mercado laboral no pueden emanciparse  y siguen viviendo con sus padres, pero también sucede que muchos parados de larga duración, de más de 45 años y sin perspectiva de encontrar un trabajo, se ven forzados a regresar a casa de sus padres, ahora jubilados. La pensión de los abuelos, mayoritariamente escasa (la pensión media en España es de 1.133 euros mensuales y los que cobran la pensión máxima, que no son muchos, llegan a alrededor de 2.700 euros), supone para muchas familias una fuente de ingresos estable con la que pueden contar para sobrevivir.

Es difícil, si no imposible, cuantificar el impacto económico global de este tipo de ayudas intrafamiliares, así como determinar el número de personas que las prestan. Según un informe del Barómetro de Mayores, presentado por la Unión Democrática de Pensionistas y Jubilados de España (UDP), el 42,2% de las personas mayores encuestadas ayudan o han ayudado económicamente a sus hijos e hijas, familiares o a sus amistades en los dos últimos años. Ocho de cada diez personas encuestadas (89,9%) que han proporcionado ayudas económicas, las han destinado exclusivamente a sus hijos o hijas. Estos datos reflejan claramente cómo la solidaridad de las personas mayores representa una estrategia clave de apoyo de las difíciles situaciones económicas o laborales a las que se enfrentan muchas personas en la actualidad.

Otros datos del informe indican que las personas que más ayudas económicas realizan tienen entre 65 y 74 años y están situadas entre quienes tienen una capacidad de gasto insuficiente (57,5%), mientras que las personas con una capacidad de gasto equilibrada solo suponen el 39,7% de las ayudas. Por otra parte, el porcentaje de personas mayores encuestadas que reciben alguna ayuda económica por parte de un familiar o una persona amiga se sitúa en el 5,6%, lo que supone el nivel más bajo desde 2010.

La solidaridad intrafamiliar, mayoritariamente representada por los mayores, está siendo el principal recurso de resistencia de la población afectada por el desempleo y la quiebra del patrimonio doméstico. Una situación difícilmente sostenible y que no presenta perspectivas halagüeñas.

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