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¿Por qué no hacemos el Camino de Santiago?

Siempre hay un momento oportuno para hacer el Camino de Santiago y, aunque no lo crea, ese momento puede ser después de la jubilación, porque andar es el mejor ejercicio que pueden hacer los mayores y para hacer el Camino sólo hay que sentirse vivo.

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Según datos oficiales de la Oficina de Acogida del Peregrino, de Santiago de Compostela, el 17,7 por 100 (casi 50.000 personas) de los 277.854 peregrinos que completaron oficialmente el Camino en 2016 eran mayores de 60 años. Además, 125 peregrinos (un 0,04 por 100) lo hicieron en silla de ruedas. ¿Quién dice que el Camino es sólo para jóvenes?

La historia de la peregrinación a Santiago de Compostela tiene más de mil años, y se inició con el descubrimiento de la tumba del apóstol Santiago el Mayor durante el reinado de Alfonso II (792-842), lo que convirtió la ciudad en destino de peregrinación para miles de piadosos de todo el mundo, con una afluencia que llegó a competir con las grandes mecas del cristianismo: Roma y Jerusalén.

Tras una etapa de esplendor (los siglos XII y XIII, sobre todo) y un progresivo ocaso a partir del Renacimiento, la bula de 1884 del papa León XIII (que proclama la autenticidad de la reliquias) supuso un nuevo despegue de la peregrinación ya en la época moderna que, a pesar de los cambios sociales, económicos y tecnológicos del siglo XX, se ha mantenido hasta nuestros días. De hecho, ha crecido ininterrumpidamente: de los 1.245 peregrinos oficiales que llegaron a Santiago en 1985, se ha pasado a 277.854 en 2016; de este total, 133.820 fueron mujeres y 144.034 hombres.

Respecto a la edad, 75.460 peregrinos eran menores de 30 años; 153.153 tenían entre 30 y 60 años y 49.241 (más del 17 por ciento) eran mayores de 60 años. A pie, la fórmula más popular, llegó el 91,42 por ciento; en bicicleta, el 8,40 por ciento; a caballo el 0,12 y un 0,04 por ciento (125 personas) en silla de ruedas. Estos son datos oficiales del Cabildo de la Iglesia Metropolitana de Santiago, es decir, de la Iglesia católica, que controla las credenciales y las compostellas de los peregrinos. Lógicamente, aquí no se recogen los miles de personas que no llegan a completar el itinerario (o utilizan la fórmula mixta de caminar más automóvil), o que realizan el Camino por motivaciones culturales, personales o simplemente de ocio, sin recoger sellos ni credenciales, aunque lo más frecuente, al margen de las motivaciones religiosas, es que los peregrinos quieran obtener la Compostella (documento que acredita la terminación del Camino de Santiago y las consiguientes indulgencias) siquiera sea como recuerdo del esfuerzo realizado y las experiencias vividas.

Para conseguir la Compostella es preciso hacer la peregrinación por motivos religiosos o espirituales o, al menos, “con actitud de búsqueda”. No es preciso hacer un itinerario completo, pero sí completar a pie o a caballo los últimos 100 km hasta entrar en Santiago o los últimos 200 km si se utiliza la bicicleta. También es necesario reunir sellos en la Credencial del Peregrino, de los lugares por los que se va pasando. En esta última etapa de 100 km hay que sellar la credencial dos veces por día, al inicio de la jornada y al final.

En la Edad Media los peregrinos empezaban el Camino de Santiago en la misma puerta de sus casas; por eso no existe ningún punto de comienzo obligatorio, aunque algunas de las rutas tradicionales tienen puntos de comienzo clásicos, como Roncesvalles en el Camino Francés. Se debe elegir el punto de comienzo teniendo en cuenta cuántos días se quieren dedicar al Camino, y si se va a hacer un itinerario completo (que puede fraccionarse en varios periodos temporales) o a completar solamente los cien últimos kilómetros. Por término medio se hacen 25 km al día a pie, y 70 km en bicicleta, aunque cada persona tiene un ritmo distinto, y pueden hacerse distancias más cortas o más largas dependiendo de la condición física de cada uno. No obstante, peregrinar no es una competición deportiva ni hacer kilómetros sin más; hay que darse tiempo para descansar, disfrutar del paisaje, hablar con otros peregrinos, o incluso con la gente de los pueblos o ciudades por los que se pasamos. Más que hacerlo, el Camino de Santiago hay que vivirlo. Y para eso, cualquier edad es buena.

Artículo confeccionado con información de la Oficina de Acogida del Peregrino, de Santiago de Compostela, y de la Guía Práctica del Camino de Santiago (Eroski Consumer).