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El Camino de Santiago: Al alcance de todos

Discapacitados, enfermos de párkinson, parálisis cerebral, psoriasis, enfermedades crónicas y patologías mentales, han coincidido en los caminos que llevan a Santiago. Unos lo hacen para hacer visible su enfermedad, otros como ejemplo de superación.

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Hacer el Camino de Santiago no responde solamente a motivaciones religiosas o de índole espiritual, también hay muchos otros impulsos entre los que no son menores los que obedecen a un afán de superación personal: ser capaz de hacerlo es un estímulo tan fuerte como cualquier otro, especialmente en personas quepadezcan alguna clase de enfermedad o discapacidad. Buena prueba de ello son el centenar largo de personas (125 en 2016) que cada año llegan a Santiago en silla de ruedas.

Un proyecto destacable es la serie de documentales de personas con psoriasis y artritis psoriásica, llamada DzBuen Caminodz en la que personas con estas patologías realizan diferentes etapas de diferentes caminos a Santiago, en Navarra, León, Guadalajara, Cáceres y hasta Gran Canaria, intentando trasmitir su propio camino por la enfermedad como ejemplo y reflexión para todos aquellos que la padecen y con el objetivo también de visibilizar y normalizar la enfermedad en la sociedad.

El resultado de este viaje, o al menos una parte de él (reflexiones, temores, superación y, también, alegrías) quedó reflejado, de manera muy resumida, en el vídeo que ilustra este comentario y que recoge algunos de los muchos momentos de reflexión que jalonan el Camino.

Otro ejemplo de superación personal fue el proyecto Que tiemble el Camino, auspiciado por la Asociación Parkinson de Valencia en 2014, con el objetivo de luchar contra el desconocimiento que nuestra sociedad tiene respecto a esta enfermedad. Trece enfermos de párkinson, que previamente habían sido seleccionados de entre decenas de candidatos y entrenados en lo más básico, recorrieron en seis agotadoras jornadas los 108 kilómetros entre Ourense y Santiago, acompañados en todo momento por un equipo de profesionales y fisioterapeutas que velaron para que ninguno de los peregrinos sufriera daños indeseables.

La iniciativa, que con el nombre Que tiemble el camino (un guiño a los efectos más visibles del párkinson) ya marcaba el carácter desestigmatizador del empeño, pretendía contribuir a hacer visible la enfermedad a través de la historia de sus protagonistas, y dar a conocer el día a día de las personas afectadas.

Otra iniciativa en la misma línea, de entre los numerosos ejemplos que pueden encontrase en la pequeña historia del Camino, es la de los hermanos Oliver y Juan Luis (enfermo de parálisis cerebral) que entre septiembre y octubre de 2016 recorrieron en 37 jornadas los 700 km del Camino Francés, desde Roncesvalles a Santiago. La falta de movilidad de Juan Luis, con una discapacidad del 96 por 100 y atado a una silla de ruedas, la suplió con una voluntad de hierro, el esfuerzo de su hermano Oliver y la solidaridad de decenas de peregrinos que les ayudaron a lo largo del Camino.

Todo es posible si, después de tantas penalidades, alegrías y experiencias irrepetibles, al término del viaje se alza la magnificencia de la catedral compostelana y la sonrisa de ánimo del Señor Santiago.