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De los abuelos golondrina a los abuelos canguro

En muy pocos años se ha pasado del “abuelo golondrina” (que iba de la casa de un hijo a la de otro, como aves migratorias) al “abuelo canguro”, una especie que crece vertiginosamente en nuestros días y se encarga del cuidado de los más pequeños.

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Una de las principales razones por la que los abuelos se han convertido en los principales cuidadores de los nietos es que, en comparación con los mayores de generaciones pasadas (los abuelos golondrina), se encuentran en mejor forma física y son más saludables; además muestran una mentalidad más abierta y tienen más recursos económicos. Hoy en día es normal que una persona de 65 ó 70 años se mantenga activa y sin padecer enfermedades graves, por lo que en teoría está perfectamente capacitada para el cuidado que los niños necesitan.

Pero, ¿una persona de esta edad puede realmente seguir el ritmo de un niño en pleno desarrollo, o puede realizar con plenas facultades todas las tareas que reclama un bebé? Según la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), el cuidado de los nietos puede causar estrés y sensación de sobrecarga en los mayores, lo que puede tener efectos negativos en sus dolencias y hacer que descuiden su salud. Si el abuelo golondrina, siempre con su maleta a cuestas, tenía connotaciones muy negativas, el abuelo canguro puede presentar igualmente facetas adversas.

En España los abuelos dedican al cuidado de los nietos dos horas diarias más que la media europea, y uno de cada cuatro consagra a esta tarea una media de siete horas diarias. Este exceso puede ser perjudicial, ya que impide dedicar tiempo al cuidado personal y, al mismo tiempo, puede fomentar la sensación de que están dedicando una jornada de trabajo completa y no remunerada a este menester. Todos los expertos afirman que cuidar de los nietos tiene que ser una actividad placentera para abuelo y niño, evitando que se convierta en una carga para la persona mayor, ya que esta situación puede conllevar, a la larga, problemas de estrés, ansiedad o depresión, si los abuelos se ven sobrecargados de actividades y responsabilidades con los nietos en detrimento de sus propias necesidades.

En otras palabras, hay que encontrar un equilibrio entre el abuelo golondrina y el canguro; si el primero era entendido a veces como una carga para sus familiares, el segundo no puede ser la solución a todos los problemas y necesidades de los hijos. Por ello, son esenciales los límites para que el tiempo “de servicio” sea gratificante. Cuidar de los nietos puede servir para transmitirles experiencias, valores o tradiciones; para los abuelos, puede significar volver a sentirse útiles, así como mejorar su forma física y dejar de lado la soledad.

Hay tres tipos de abuelos canguro: los que se hacen cargo de los nietos porque así están ocupados; los que lo hacen para ayudar a los hijos con recursos limitados, y los que aceptan por miedo a parecer malos padres y malos abuelos si se oponen. Pero, además de los nietos, muchos mayores dedican buena parte su tiempo al cuidado y atención de otras personas adultas, que pueden ser miembros de las propias familias (o amistades, vecinos, etc.), de la misma edad e incluso mayores. Casi la mitad de las personas con edades iguales o superiores a los sesenta y cinco años realizan esta tarea, bien sea cuidando de su cónyuge o pareja o, en numerosos casos, incluso de sus propios padres que ya han rebasado los noventa años de edad.

Igualmente, hay que recordar que un número cada vez más elevado de personas mayores, que han visto reducidos sensiblemente sus ingresos tras la jubilación, siguen asumiendo el sostén económico de sus hijos con edades cercanas a los treinta años, que no se han podido emancipar y que ni laboral, ni económica ni familiarmente son todavía independientes y autosuficientes. En ese sentido, en una especie de retorno a la antigua familia extensa (la formada por varias generaciones que conviven en un mismo hogar), los abuelos canguro constituyen uno de los principales pilares de esta sociedad en crisis permanente en la que vivimos.

 

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