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Buscad el consejo de los ancianos

“Buscad el consejo de los ancianos, pues sus ojos han visto el rostro de los años y sus oídos escuchado las voces de la vida. No obstante sus consejos os desagraden, escuchadlos”. Khalil Gibran

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Con el crecimiento imparable de la esperanza de vida, ha aumentado también la proporción de personas mayores en todos los países occidentales. Sin embargo, quizá se ha minimizado el papel del mayor en nuestra sociedad. Las personas mayores, los antiguos ancianos, sólo obtienen una cierta consideración en el plano de interés de los partidos políticos, en cuanto constituyen a efectos electorales un colectivo numéricamente importante, y en el terreno del consumo, ya que todavía hoy disponen de recursos económicos más o menos suficientes.

Están lejanos los tiempos en los que las sociedades se regían por consejos de ancianos, y los mayores ocupaban posiciones destacadas en la colectividad. Entre los usos sociales comúnmente aceptados figuraba el respeto a las personas de edad y el aprovechamiento social de la sabiduría acumulada por ellos gracias a las experiencias de su larga vida.

Hoy día, en el ámbito laboral, la experiencia no siempre es un valor en alza, y los trabajadores veteranos pueden ser sustituidos por personas más jóvenes, que ofrecen a las empresas una mayor adaptabilidad y un menor coste. Por otro lado la cultura de la imagen ha adquirido una enorme importancia en esta sociedad, potenciando la juventud y los valores a ella asociados como canon a imitar. A veces puede parecer que en esta sociedad solo interesa el presente y el futuro y se minusvalora el pasado, y lo que de él podría aprenderse.

Los jóvenes, mejor formados que nunca y con peores expectativas que las generaciones anteriores, viven disfrutando el momento, pensando quizá que no hay nada que aprender de los demás, porque la verdad está en la vida y no en la experiencia de otros. Los consejos de los ancianos, nacidos de la experiencia vital, no deberían perder el valor que alguna vez tuvieron.

La familia extensa, formada por varias generaciones que convivían en el mismo hogar, ya no existe. Hoy día lo habitual es que los mayores vayan a una residencia o vivan en soledad en su propia casa. Posiblemente esto es lógico, consecuencia de nuestro modo de vida actual, pero el efecto es que los niños crecen con menos contacto con sus abuelos, que a menudo se limita a llevarlos y traerlos del colegio, y probablemente no se debería perder esta convivencia intergeneracional y la interesante colaboración en la educación de los nietos.

Vivimos en la cultura de la velocidad y lo efímero, desde el transporte a la comida y el ocio; se busca el reconocimiento del grupo, el éxito en las redes sociales. Se valora la belleza y la moda. Las personas mayores están un poco excluidas de este universo de la modernidad. De los mayores muchas veces solo vemos que parecen lentos y se repiten, cuando en realidad si miramos bien podemos descubrir que de casi todo tienen una experiencia y una opinión, que ya han dejado de lado todo lo accesorio y aparente y tienen más claro que nadie las cosas que de verdad importan en la vida.

También es posible que los mayores no hayan sabido defender el valor de la ancianidad; en otro tiempo el anciano se sabía útil y respetado, y eso le proporcionaba un cierto orgullo, que compensaba los inconvenientes de la vejez. Ese orgullo se ha perdido un poco en un vano intento de “parecer joven por dentro y por fuera”. En esa búsqueda de la juventud perdida, traicionados por el espejismo de mantenerse jóvenes, de ser “jóvenes por dentro” y “tener un espíritu joven”.

La sociedad debería hacer un esfuerzo para integrar a los mayores, para otorgarles el respeto al que tienen derecho y el valor que se merecen. Una sociedad como la que nos ha tocado vivir, no debería prescindir de la experiencia y la sabiduría de sus ancianos. Y estos, por su parte, deberían asumir las ventajas y los inconvenientes de la etapa vital a la que han conseguido llegar. Nunca como hoy fue tan numeroso el grupo de personas mayores y eso es un éxito de la medicina, de la sociedad y de ellos mismos y como tal debería de entenderse y celebrarse. Fomentemos el orgullo de ser mayor.